Miré su poca conformidad por encontrarnos en este sitio. Fuertes recuerdos debían golpear su mente tan solo de verse de vuelta acá. Notó la tensión de su mandibula,debo intentar hacer algo. Tomó su mano y lo veo a los ojos serena y seria para darle animos.
-Todo va a salir bien estamos juntos en esta aventura. No te dejare solo mientras no quieras que lo haga, si no quieres entrar aún podemos volver-le digo guardando la curiosidad en mi bolso con tal de obtener su bienestar.
-Si, ésta es la famosa hacienda - gruñí porque no me encontraba nada agusto con la visita. Odiaba el lugar con todas mis fuerzas. Ningún recuerdo bueno de aquel tenebroso lugar. Solo escalofríos.
El cambio de situación era de esperarse, evasivo a consuelos y feliz de ser siempre el chico fuerte, nada de consuelos.
Miré maravillado el panorama que se extendía ante mi, la naturaleza siempre me habia gustado y este paraíso perdido me resultaba precioso y enigmatico.
Alejandro me ayudó amablemente a salir del auto y cargo las maletas. Respiré profundo el aroma del campo y contemplé màs atenta esos muros tan antigûos. Dentro debían esconder historias interesantes, que me gustaría llegar a conocer.
El timbre llamó.
-¿Asì que esta es la famosa hacienda?-sonreí.
No esperé que pusiera su mano encima de la mía, en un gesto por reconfortarme. Mi movimiento fue mecanico pero sincero, cambié de posición poniendo la mía sobre la suya y asi manejé hasta que llegamos a destino. La entrada de la hacienda con su gran arco ya desgastado por el paso del tiempo. Había otro auto estacionado, el del abogado, el ya debia estar dentro.
Debe estar loco para estar ahi dentro..., solo.
Era la verdad.
Yo no habría puesto un pie ahi sin compañía.
Entonces bajé del auto y le abrí la puerta Elizabeth, luego la cajuela y cargue las cosas hasta ponerlas delante de la puerta. Eche una mirada interrogativa hacia el auto, luego hacia ella.
Suspiré, ya estábamos ahi, al mal paso darle prisa.
Toqué el timbre... ah el maldito timbre que sonaba como si fuera una campana de iglesia.
La cosa se había ido. Tan facilmente resumió las cosa, ¿cómo demonios un animal había sobrevivido a tremendo golpe? Descubrí que simplemente me estaba evitando el asustarme, pero su rostro parecía un poco incredulo de los recientes hechos.
Afortunadamente parecía que el carro no había sufrido ningun daño y Alejandro siguió manejando con la mirada fija en el camino. Mi cabeza no dejaba de pensar en lo que había pasado. Los sucesos raros comenzaban.
No sé cuanto tiempo me perdí pensando en nada más que en lo qe habíamos golpeado pero al no dar con ninguna explicación simplemente decidí volver a verlo. Aún parecía pensativo. Tomó una desviación y aunen el asiento del copiloto sentí como un escalofrío recorrió su cuerpo. No alcanzaba a divisar que lo puso así.
Automaticamente coloqué mi mano sobre la suya que apretaba fuertemente el volante, para mostrarle apoyo y ecirdarle que estaba allí.
Un edificio proyectado a lo lejos se alcanzaba a materializarse.
-Esa cosa se ha ido por donde llegó.
No quise seguir hablando de eso, porque me iba a sentir bastante idiota al no saber que contestar. No tenia la puta idea de lo que habia pasado. ¿que le iba a decir?
Segui manejando, unos kilómetros más hasta que encontré la bifurcación. Había un letreo hacia la derecha que decia : Teacapan.
Si seguía por ese camino, ya no había marcha atrás. Pero no había tiempo para arrepentimientos, al mal paso darle prisa. Seis kilómetros mas adelante se alzaba el casco de la hacienda.
Estaba asustada. Nunca antes habìa estado en un choqué. Me quedé paralizada y solo asentí a sus palabras, mirando como se bajaba a revisar lo que había sucedido. Tenía que tranquilizarme para ayudar en lo que hiciera falta.
No tardo tanto en volver y su rostro parecía palido y desconcertado, lo que me indicó que algo no andaba bien-¿què pasa?¿estàs bien????-preguntè alarmada y siguió el silencio.
-Es...-tragué saliva-¿estás bien?-recordé que no le había preguntado como estaba por el susto y luego algo más atropellamos algo-¿y esa cosa está bien?
Elizabeth estaba a punto de preguntarme, cuando algo extraño paso delante de nosotros, haciéndome pisar el freno hasta el fondo, sin embargo sentí que había hecho impacto, pues el auto terminó ladeado hacia la izquierda. Fue cosa de segundos... luego el silencio, giré hacia ella y le pregunté si estaba bien, ella asintió aunque se le notaba asustada, pues su rostro estaba blanco. Afortunadamente para nosotros, ningun otro carro había pasado por ahí, sino, ya no lo estaríamos contando, nos habría impactado sin remedio alguno. Bajé del auto para enfrentar a la cosa que habia atropellado, pero cual sería mi sorpresa al no encontrar nada, ni nadie... Ningún animal, ninguna persona...
-Qué carajos... -me llevé la mano a la cabeza, pues no podia creer lo que veía.
Me agaché para revisar a parrilla del auto y esta estaba abollada, eso quería decir que sí había habido un impacto, y a la velocidad que iba, sería muy probable que "eso" tendria que haber muerto por el golpe tan fuerte.
Miré a ambos lados del camino. Todo se encontraba en un extraño silencio. Regresé al auto y dejé salir un hondo suspiro. Peo no comenté nada, solo comenzé a andar de nuevo por el camino.
-La que es linda, es linda-dije mostrando mi lengua en manera de broma.
Lo mire atenta y sonreí. Estaba haciendo su mayor esfuerzo por normalizar su caracter y que todo saliera bien. Temas sencillos sin tanto que sobresaliera pero al final lo hacia. Era bello no pelear.
Y el silencio, estando en su compañía el silencio se disfrutaba. Claro era bueno llenarlo y platicar y saber más cosas pero ahora el silencio me estaba saliendo de una manera más distinta.
Se distrajó por un minuto absorto en sus pensamientos. estos días sería bueno poseer un poco del poder de Edward Cullen. Ahora recordaba que tenía muchas cosas que preguntar y especificamente una salto ahroa a mi cabeza.
-Alejandro me estaba preguntando...-decía cuando algo atravesó corriendo la carretera-¡¡¡¡¡¡¡¡¡cuidado!!!!!!!
Seguimos platicando de cosas triviales como el clima, sobre algunos libros... el ambiente comenzaba a relajarse, creo que era la primera vez que platicábamos sin pelear y ya era mucho decir. Así había sido siempre, en un estire y afloje constante.
Seguí fijando mi vista en el camino, perdiendome en mis pensamientos, me gustaba hacerlo de vez en cuando. Igual no era el gran platicador que ella deseaba que fuera, pero al menos lo estaba intentando.
Traté de que no notara el resultado de la palabra fantasmas en mí. Claro que creía, un par de veces me habìa encontrado en situaciones relacionadas con ello, aunque ahora que lo pensaba jamàs se lo había contado.
Iba a ser valiente por el simple hecho de que quería que continuara con esto y tuviera esa fortuna que le pertenecía. Pero sabía que si decía vamonos daría media vuelta enseguida ahora necesitaba apoyo, y yo se lo daría incondicionalmente.
-¿De verdad te gusta?-vi la blusa-dicen que el rosa es mi color-sonreì agradecida de desviar el tema lo miré atenta. Era la primera vez que me reflejaba en esos grandes y profundos ojos color verde. Al mirarlos obtuve mucha confianza de seguir con este viaje.
Le solté la pregunta sin miramientos. Y era vital que me contestara...y que su respuesta fuera un rotundo NO. Así podiamos dar media vuelta, y dejarla segura en su casa, viendo su novela preferida. Quizás pepita y su zorro salvador fueran mejor compañía que yo. Pero simplemente dijo, que no sabía si creer en ellos o no ...
-Va...
No supe que más decirle porque si comenzaba a relatarle ciertos sucesos mcabros que habian ocurrido ahi, igual y nuestras mentes estarian predispuestas apenas pusieramos un pie ahi.
-Linda blusa
Cambiar el tema, era mas que buena idea urgente, ya me estaba poniendo más nervioso.
Me distrajé con el sonido de la música uno de mis cantantes favoritos. Me hacia creer en cosas cursis y rosas. Mi mente volaba con sus letras hasta recrear escenas con personajes misteriosos que participaban de lo narrado.
La última nota resonó y el auto quedó nuevamente en silencio. Alejandro colocó un nuevo cd que pareció relajarlo un poco màs. Cuando menos ahora hablaba.
-Si la tan afamada hacienda. Ahora pienso que estar aquí no va a ser tan fácil, No sé si mi lado valiente va a aflorar. Pero muero por conocerla segùn tu descripción debe haber muchas cosas interesantes que ver.
-Hasta muerto te sales con la tuya, coño.
No platicamos de nada, hasta que el disco se terminó - a Dios gracias- y enseguida puse uno de musica Zen, tenía que ponerme quieto y bajarle dos rayas al mal humor.
-Por fín conocerás esa hacienda de la que tanto te platiqué, y de la cual no tengo muy buenos recuerdos - le dije a Elizabeth entre dientes, y era verdad, ese sitio siempre me había puesto los cabellos de punta.
Ni siquiera sabía porque había decidido acompañarlo, bueno si lo sabía. A quién demonios engañaba con la negaciójn. Me preocupaba que hiciera alguna tontería y no recibiera ese dinero que sabía lo ayudaría a cumplir varisas de sus metas y conociendo lo terco que era si no lo llevaba allí a punta de jalones de orejas no lo recibiria jamás.
Tarde un par de horas en hacer las maletas. No sabía que clase de lugar era al que nos dirigiamos, como tampoco sabía que nos esperaría allí. Así que ropa para frío y calor. Botas porque era un pueblo y sandalías´por si hacia calor, prefería que sobrara.
Llamó desesperadamente con la bocina de su auto. Decidí mirar por la ventana, nunca antes había visto ese auto, era lujoso claro está, no podía imaginarmelo en otro vehiculo a decir verdad. Metí todo de golpé forzando los cierres y apresurandome, conocedora de su caracter.
La cara de molestía era su compañera. ¡Hombres exagerados! seguro mis 5 minutos de retraso, para él habían sido una hora entera.
-Lo siento pero ya estoy aca-amablemente pese a su enojo me ayudo con las maletas y cerró la puerta tras de sí. Escuché atenta y me aguanté una sonrisa cuando ecordé que había pensado en traer al cachorro conmigo, pero sería mejor dejarlo en casa si quería que sobreviviera.
Escuché atenta sus palabras-En realidad sea viejo, joven o niño es muy fácil que te molestes si lo miras así-miré su rostro, se enojo más. Estaba segura que comenzaba a arrepentirse de haber aceptado mi compañía.
Busqué ne mi bolso de mano y coloqué un disco en el estereo no quería más silencio.
Pasé por ella alrededor de las 5 de la tarde tal y como habíamos acordado en el teléfono. Para no perder la costumbre, tuve que esperar más de una hora para que la señorita se dignara a salir. Ahí venía ella con sus miles de maletas repletas de no se qué <<>> parecían pesadas y como soy todo un caballero, salí de mi automóvil de portivo de dos plazas y le ayudé a trasladarlas hasta la mini cajuela del auto. Misma que estuvo a nada de no cerrar.
-Te dije que sólo sería un fin de semana. - le dije incrédulo y un poco molesto por la larga espera- No me extrañaría que en alguna maleta trajeras a ese pestiletente perro chihuahua que tienes por mascota.
La conduje hacia el otro extremo del auto, y le abrí la portezuela para que se acomodara en el asiento del copiloto. Después entré yo dando un sonoro portazo. Estaba muy molesto, no me gustaba esperar mas de 10 minutos.
Tomé la carretera principal, rumbo a un pueblo que ni siquiera aparecía en el mapa que me había dado el abogadillo de quinta. Sólo tenía por pista algunos trazos mal hechos en una hoja de papel arrugado, que mi querido- y ahora difunto tío millonario- le había entregado antes de fallecer. Parecía haber sido hecho con los pies.
-Lo único por lo que vamos a hacer éste viaje, es por que si no voy, no recibiré la herencia - volví a acordarme de su sacrosanta madre por sexta vez en el día- Maldito viejo, estoy harto de sus misterios.