El cambio de situación era de esperarse, evasivo a consuelos y feliz de ser siempre el chico fuerte, nada de consuelos.
Miré maravillado el panorama que se extendía ante mi, la naturaleza siempre me habia gustado y este paraíso perdido me resultaba precioso y enigmatico.
Alejandro me ayudó amablemente a salir del auto y cargo las maletas. Respiré profundo el aroma del campo y contemplé màs atenta esos muros tan antigûos. Dentro debían esconder historias interesantes, que me gustaría llegar a conocer.
El timbre llamó.
-¿Asì que esta es la famosa hacienda?-sonreí.