Pasé por ella alrededor de las 5 de la tarde tal y como habíamos acordado en el teléfono. Para no perder la costumbre, tuve que esperar más de una hora para que la señorita se dignara a salir. Ahí venía ella con sus miles de maletas repletas de no se qué <<>> parecían pesadas y como soy todo un caballero, salí de mi automóvil de portivo de dos plazas y le ayudé a trasladarlas hasta la mini cajuela del auto. Misma que estuvo a nada de no cerrar.
-Te dije que sólo sería un fin de semana. - le dije incrédulo y un poco molesto por la larga espera- No me extrañaría que en alguna maleta trajeras a ese pestiletente perro chihuahua que tienes por mascota.
La conduje hacia el otro extremo del auto, y le abrí la portezuela para que se acomodara en el asiento del copiloto. Después entré yo dando un sonoro portazo. Estaba muy molesto, no me gustaba esperar mas de 10 minutos.
Tomé la carretera principal, rumbo a un pueblo que ni siquiera aparecía en el mapa que me había dado el abogadillo de quinta. Sólo tenía por pista algunos trazos mal hechos en una hoja de papel arrugado, que mi querido- y ahora difunto tío millonario- le había entregado antes de fallecer. Parecía haber sido hecho con los pies.
-Lo único por lo que vamos a hacer éste viaje, es por que si no voy, no recibiré la herencia - volví a acordarme de su sacrosanta madre por sexta vez en el día- Maldito viejo, estoy harto de sus misterios.