No esperé que pusiera su mano encima de la mía, en un gesto por reconfortarme. Mi movimiento fue mecanico pero sincero, cambié de posición poniendo la mía sobre la suya y asi manejé hasta que llegamos a destino. La entrada de la hacienda con su gran arco ya desgastado por el paso del tiempo. Había otro auto estacionado, el del abogado, el ya debia estar dentro.
Debe estar loco para estar ahi dentro..., solo.
Era la verdad.
Yo no habría puesto un pie ahi sin compañía.
Entonces bajé del auto y le abrí la puerta Elizabeth, luego la cajuela y cargue las cosas hasta ponerlas delante de la puerta. Eche una mirada interrogativa hacia el auto, luego hacia ella.
Suspiré, ya estábamos ahi, al mal paso darle prisa.
Toqué el timbre... ah el maldito timbre que sonaba como si fuera una campana de iglesia.